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Cuando la ansiedad entra en el aula

  • Foto del escritor: saladecontrolpodca
    saladecontrolpodca
  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura


La ansiedad no siempre empieza con una crisis. A veces aparece en silencio: en el nudo del estómago antes de entrar a clase, en la dificultad para concentrarse, en la sensación de que todo puede salir mal o en esa mente que no deja de anticipar problemas. Es una emoción humana y necesaria, pero cuando se vuelve constante puede convertirse en una barrera para estudiar, relacionarse y vivir con calma.


Todo el mundo puede sentir ansiedad alguna vez. De hecho, en pequeñas dosis, funciona como una señal de alerta ya que puede ayudar a reaccionar ante un examen, una presentación oral o una situación que exige atención. El problema aparece cuando esa alarma se queda encendida incluso cuando el peligro real ya no está delante. La Organización Mundial de la Salud define los trastornos de ansiedad como situaciones en las que el miedo y la preocupación son intensos, excesivos, difíciles de controlar y capaces de interferir en la vida cotidiana, escolar, laboral o social.


359 millones de personas vivían con un trastorno de ansiedad en el mundo en 2021

Los datos muestran que no se trata de un malestar aislado. La OMS estima que en 2021 359 millones de personas vivían con un trastorno de ansiedad en el mundo, lo que convierte a estos trastornos en los problemas mentales más comunes. Además, calcula que afectan al 4,4% de la población mundial y que solo alrededor de una de cada cuatro personas que lo necesitan recibe tratamiento.


En España, la ansiedad también ocupa un lugar central en la conversación sobre salud mental. La Encuesta de Salud de España 2023, elaborada por el Ministerio de Sanidad y el INE, recoge que una de cada diez personas de 15 años o más declaró haber recibido un diagnóstico de algún problema de salud mental. Entre los problemas más frecuentes aparecen la ansiedad y la depresión: el 6,6% de los adultos afirmó padecer ansiedad crónica, con una diferencia clara por sexo: 4,1% en hombres y 9% en mujeres.


La radiografía del Sistema Nacional de Salud confirma esa presencia. Según el Informe Anual del SNS 2024, los trastornos de ansiedad fueron los problemas de salud mental más registrados en las historias clínicas de Atención Primaria: 111,3 casos por cada 1.000 habitantes en 2023. Por detrás se situaron los trastornos del sueño y los trastornos depresivos.


Los jóvenes también viven en alerta


La ansiedad tampoco es ajena a los jóvenes. En menores de 25 años, el mismo informe señala que los trastornos de ansiedad fueron también los problemas de salud mental más frecuentes registrados en Atención Primaria, con 34,6 casos por cada 1.000 habitantes. Además, entre 2019 y 2023 aumentaron un 36,4% en este grupo de edad.


En el entorno académico, estos datos se traducen en escenas muy concretas: estudiantes que evitan preguntar en clase por miedo a equivocarse, que bloquean antes de un examen, que revisan una y otra vez una tarea antes de entregarla o que sienten que no llegan a todo. La ansiedad no siempre se ve desde fuera. Puede confundirse con desinterés, despiste o falta de esfuerzo, cuando en realidad muchas veces hay una preocupación constante que agota.


El 59,3% de los jóvenes de 15 a 29 años decía haber tenido problemas de salud mental en los dos años anteriores

La juventud española también expresa ese malestar en las encuestas. El Barómetro Juvenil 2023 de Fundación Mutua Madrileña y Fad Juventud señalaba que el 59,3% de los jóvenes de 15 a 29 años decía haber tenido problemas de salud mental en los dos años anteriores. Solo el 36,6% afirmaba no haber experimentado ningún problema de salud mental en el último año, mientras que un 17,4% declaraba haberlos vivido con frecuencia significativa.


Una preocupación que no desaparece


Los últimos datos del Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025 muestran una ligera mejora respecto a años anteriores, pero la salud mental sigue siendo una preocupación importante: el 54,7% de los jóvenes aseguró haber tenido algún problema psicológico, psiquiátrico o de salud mental en el último año, y el 42,8% dijo haber recibido algún diagnóstico profesional en algún momento de su vida, principalmente de ansiedad, pánico o fobias (17,9%) o depresión (15,7%).


Hablar de ansiedad no significa convertir cualquier nervio en enfermedad. Sentir tensión antes de una prueba importante es normal. Lo preocupante es que esa tensión se vuelva permanente, impida dormir, bloquee decisiones, provoque evitación o haga que la persona viva anticipando continuamente el fracaso, el juicio o el peligro. En ese punto, la ansiedad deja de ser una respuesta puntual y empieza a condicionar la vida.


La clave está en no minimizarla. Frases como “no te preocupes tanto” o “eso es cosa de la edad” pueden hacer que quien la sufre se sienta todavía más solo. La OMS recuerda que existen tratamientos eficaces, pero también señala obstáculos importantes: falta de conciencia sobre el problema, escasa inversión en salud mental, falta de profesionales capacitados y estigma social.


Por eso, el reto no es solo individual. También es educativo, sanitario y social. En las aulas, reconocer la ansiedad implica crear espacios donde pedir ayuda no sea motivo de vergüenza, donde el error no se convierta en humillación y donde el rendimiento académico no sea la única medida del valor de una persona. Porque detrás de muchos silencios, bloqueos o ausencias puede haber algo más que falta de ganas: puede haber una alarma interna que necesita ser escuchada.


 
 
 

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